El guante de Freddy Krueger

07-2017

En los ochenta las películas de terror eran lo máximo. “Viernes 13”, “Pesadilla en Elm Street” y mil más. En mi cuarto tenía fotos de zombis, de Rambo, Sabrina, un Lamborghini Countach y gente con la cabeza explotando o con la cara derretida. Me influenciaron tanto esas películas que llegue a hacerme un guante como el de Freddy Krueger.

No sé cómo, pero yo y un amigo decidimos que hacer el guante era super importante en la vida. Pero había que hacerlo bien, de metal y no la mierda de plástico que te vendían en las revistas. Recopilamos todas las fotos que teníamos y nos fijamos en los detalles. El guante era marrón, con cuchillas de quince centímetros como si fueran uñas largas metálicas. Pero lo interesante era que las cuchillas no eran como una alargación de la uña como todo el mundo se piensa. Estaban a noventa grados sobre cada uña. Ese era super importante hacerlo igual.

Pues con esos datos lo primero que pensamos fue en coger un guante ya hecho y pegarle unos cuchillos de alguna manera. Mi amigo se fue al armario de su madre y le robo un guante de esquiar. Era blanco, con unas bandas azules en diagonal como para hacerte pensar que eres más aerodinámico. Fuimos a la cocina, cogimos varios cuchillos de cortar el pan y los intentamos pegar con fixo. Me puse el guante y la verdad que yo no sabía mucho de diseño en la época, pero sospechaba que no nos estaba quedando como el de la película. Hacer el guante iba a ser más difícil de lo que creíamos.

Mi madre me consiguió la tela, pero había que coser el guante. ¿quién sabia coser bien? Que no era coser y ya está, era hacerlo igual que la película. Al nivel de Hollywood. Le pregunte a todo el mundo y mi tía Estela dijo que me lo hacía. Que eso era fácil para ella. Yo siempre sospecho de la gente que alardea mucho pero como estaba en el mundo de la moda y no conocía a nadie más pues fui a su casa. Me midió la mano y a esperar.

A los dos días me llama diciendo que ya lo tenía. ¿Tan rápido? Fui corriendo hasta su casa y en el ascensor recé que por favor estuviera bien hecho. Me imaginé el problema familiar que se iba a crear si me había arruinado la tela. El no poder quejarme porque era mi tía, porque me lo hizo gratis y todo eso. Pero cuando lo vi no me lo podía creer. ¡Era perfecto! La forma, los hilos que tenía a un lado para apretártela y que le daban el rollo psicópata. Estaba tan bien hecho que hasta me puse a compararlo con el de la película y me parecía que el mío era mejor incluso. Ahora solo quedaba ponerle las cuchillas.

Intentamos de todo. Martillear placas para amoldarnos al guante, cortar metales con tijeras hasta que nos sangraron las manos. Fue todo un fracaso. Ya harto mi amigo dijo que la única manera iba a ser soldando los metales y pegarlos luego al guante. Tenía razón.

Al otro día después del colegio me fui para el Polígono Industrial de Arroyo de la Miel. En realidad eran dos calles de mierda con un par de naves. Desértico total. Pensé en largarme, pero en una de las naves escuché como una sierra. Me acerqué y vi a un hombre cortando madera. Estaba midiendo algo. La verdad que no tenía pinta de artista y para hacer el guante había que ser artista. Me miro con cara de ¿que coño quieres niño?. Me largue.

Paso como una semana y ya no sabíamos que hacer con el guante. Estaba bien, pero sin las cuchillas no tenía gracia. Me empezó a venir la idea de que a lo mejor no iba a poder hacerlo. Que al final nos olvidaríamos del guante y en dos años lo vería en un cajón y me vendría la tristeza. Lo de ser un fracasado, de haber perdido una oportunidad tan buena y me sentiría atrapado y odiaría todo. A la gente andando por la calle y a cada persona que viera por ser tan cateta. Lo de cada semana vamos.

Pero una tarde, mientras jugábamos al ordenador en casa de mi amigo llego su madre. Vio el guante y no veas. --¡Pero que bien hecho esta! ¿quién te lo ha hecho? -- decía super asombrada. Le contamos todo y nos dijo que en la empresa de placas solares donde trabajaba había un hombre que nos lo podía soldar. Joder ¿y ahora lo dice? ¿Pero que pasaba si lo arruinaba? Es que era super arriesgado dárselo así a ciegas a cualquiera. ¿Que pasa si el soldador era un tío super cateto y lo arruinaba? Pero es que era dárselo o dejar el guante en un cajón de por vida. Le repetimos mil veces que las cuchillas tenían que ir a noventa grados sobre las uñas y le dimos las fotos de referencia rezando que por favor lo hiciera bien. Y se lo llevo.

En el colegio me pase los días pensando en el guante. Me imaginaba al hombre soldándolo, algunas veces lo hacía bien y yo lo flipaba. Otras veces lo hacía mal y venia el guante roto, quemado y arruinado para siempre. Y otras veces lo estaba haciendo bien, pero alguien le interrumpía y el guante se perdía y la madre de mi amigo venia disculpándose y diciendo que lo sentía y que me compraba otro y yo me cabreaba porque era imposible de comprar en ningún sitio y ella no lo entendía. Me pase la semana entera así.

Y un día mi amigo me llama. Tenía el guante. Corrí a su casa rezando que por favor, por favor, que el guante estuviera bien hecho. Llegué, me lo puse y me mire al espejo. Era perfecto. Las cuchillas a noventa grados sobre la uña, el metal derretido, joder, el metal derretido entre las cuchillas quedaba super bien. Parecía de asesino en serie total. Me moría de alegría. Es que tenía el guante de Freddy Krueger, pero el guante terminado igual, igualito que el de la película o mejor. Era perfecto, bueno, era casi perfecto. Es que las puntas de las cuchillas no pinchaban. El tío que lo soldó, supongo que por precaución, no había usado un metal afilado. Si te las clavabas era más bien como darte con la parte de atrás de un cuchillo. Pero lo resolví fácil. Lo lleve a un afilador de cuchillos y quedo mega letal.

¡Al fin! --me dije. ¡Tengo el guante de Freddy Krueger! Y bueno, ahora que lo tenía no sabía que hacer con él. Estaba en mi casa y fui a mirarme al espejo del servicio. Pose con el guante de lado, con el guante sobre mi cara, lo abrí así de golpe como diciendo: ¡estás muerto imbécil!. Apagué la luz y la encendí rápido imitando los flashes esos que hacen en la película. Y después de media hora me aburrí. ¿Y ahora que? Tenía que hacer que más gente lo viera. ¿Me lo llevo al colegio? Que va, seguro que algún profesor estúpido se piensa que es un peligro y me lo quita. Me podía disfrazar de Freddy, salir a la calle y yo que se, perseguir a la gente. Pero no sé, si hacia eso iban a confirmarse los rumores de que estaba loco. Que siendo normal ya la gente me ve raro imagínate lo que pensarían si los persigo con un guante con cuchillas de quince centímetros.

Pues un día un grupo de amigos quedaron para ir un parque de atracciones. Al Tivoli que estaba cerca de mi casa. Y yo pensé que sería buena idea llevarme el guante. Es que dentro del parque estaba el "Pasaje del Terror" que era como una casa encantada por la que ibas andando y actores vestidos de zombis, Freddy Krueger, Drácula, Frankenstein o la niña del Exorcista salían a asustarte. Yo había entrado como quince veces y me lo sabía de memoria. Mi lógica era que si los del "Pasaje del Terror" veían el guante y lo bien hecho que estaba que a lo mejor pasaba algo. Como que iba, veían mi guante y luego me invitaban a una de sala reuniones donde todos se lo pasaban admirándolo y me preguntaban que como lo había hecho. Y de lo asombrados que estaban se corría la voz en su mundo del espectáculo hasta que llegaba a Steven Spielberg que luego mandaba un mensaje diciendo que era increíble mi guante. Y eso salía en la portada del periódico como: "Chico hace guante de Freddy Krueger que asombra a Steven Spielberg". Y como regalo me dejaban entrar de por vida al "Pasaje del Terror". En otras versiones me imaginaba que veían el guante, se quedaban atónitos, pero yo les decía que eso no era nada para mí. Que hacer el guante había sido fácil y que yo tenía mil cosas así de bien hechas. Y me largaba dejándoles ahí humillados en su mundillo.

Llegamos a la puerta del parque. Yo tenía el guante escondido debajo de la camiseta, metido en el pantalón e intentaba no moverme mucho para no clavármelo en el estómago. Mis amigos me dijeron que estaba loco intentando pasar eso por la seguridad del parque, que el guante era "arma blanca", que me lo iban a quitar seguro y mil mierdas más que dicen los cobardes. Como uno tenía un pase para entrar gratis lo seguí para intentar colarme con él. Nos fuimos para una puerta especial con un guardia de seguridad. Mi amigo le enseño un papel y el guarda le dejo entrar, yo le sonreí al guarda y entre al parque. Super fácil.

Primero nos fuimos a la montaña rusa. No era grande, pero daba bastante miedo de lo rota que estaba. Chirriaba todo el rato y si te ponías de pie podías morir decapitado. No me subí por el guante. Luego nos fuimos a los coches de choque. Mis amigos se estaban divirtiendo, pero yo me espere fuera. Es que no tenía ganas de autopuñalarme. Y al fin nos fuimos para el "Pasaje del Terror".

Nos pusieron en un grupo solos, sin gente que nos molestase. El primer actor era un tío super alto, con una voz grave que impresionaba muchísimo. Eligio a uno de nosotros como guía y le dijo lo típico de: “Llama tres veces a la puerta”. Yo me sabia el guion de memoria, pero es que joder, me flipaba porque era como estar en una película. Me puse al final del grupo porque sabía por experiencia que los actores se te acercaban más si ibas el ultimo.

La primera habitación era como un cementerio, con lapidas, niebla y un zombi que salía de una lápida detrás tuya. Luego la vieja de Psicosis sentada en la silla. Mis amigos estaban cagados, pero yo me enorgullecía de no tener casi nada de miedo. Y después la niña del Exorcista con la que yo tenía una relación especial porque una vez me disfrace del Padre Karras que la salva en la película. Ya llegábamos a la parte en que salía Freddy Krueger así que me puse el guante.

Primero vimos la silueta, con una luz que proyectaba su sombra sobre una tela blanca. Igual que en la película. La luz dejo de parpadear y salió con su guante a asustarnos. Corrimos, pero yo sabía que tenía un atajo e iba a salir de nuevo delante nuestra. Prepare mi guante. Freddy Krueger aprecio delante mía, sacó su guante para asustarme y yo saque el mío como diciendo, ¡mi guante que es mejor! Y no sé por qué, pero estampó su mano contra mis cuchillas de metal. . De lo fuerte que golpeó, me doblo las cuchillas y todo. Joder pensé, con el trabajo que costó hacer el guante y la primera vez que lo saco a la calle me lo rompen. ¿Para que hizo eso?

Llegamos a Drácula. Se movía por una plataforma encima nuestra, pero vi que se movía raro, como más agitado de lo normal. Al pasar por encima mía me dio una patada. Me dolió, pero al mismo tiempo me alegré porque no era el guion que seguían siempre. Llegamos a Frankenstein y mientras se levantaba escuche de fondo: ¡Han rajado a Paco! ¡Han rajado a Paco! Frankenstein tenía unas cadenas de metal y empezó a golpearnos con ellas. – Oye, más cuidado—dijo un amigo. Y nos golpeo mas fuerte todavía. Llegamos al tramo final. Cruzar por un puente en una especie de jungla. Yo sabía que al final iba a estar el tío con la sierra mecánica de "La matanza de Texas" y luego ya está. La salida. Cruzamos por el puente y al llegar al final de pronto veo a Drácula. --El de la navaja--dijo. --Quien es el hijo de puta de la navaja--. Mis amigos no tardaron en mirarme. Traidores. Los dejaron salir por la puerta y Drácula se vino hacia mí. --Quítatelo--me grito. Quítatelo rápido. Lo intenté, pero se tardaba porque me quedaba super apretado. Al fin conseguí quitarme el guante, Drácula me cogió del brazo y me empujó por una puerta secreta.

Entramos como a un camerino. Era una habitación donde los actores donde se maquillaban y vestían. Lo conseguí--pensé. Después de tanto tiempo adorándoles conseguí ver el otro lado del “Pasaje del Terror”. Paco, el que hacía de Freddy Krueger, se sujetaba la mano llena de sangre. Yo estaba en modo super admiración, fascinado por todo lo que estaba viendo. Drácula le llevo el guante a Paco y yo pensé, ahora es cuando se van a quedar impresionados. Pero lo dejo ahí en la mesa y nadie dijo nada. Paco se vino con la mano ensangrentada hacia mí. --Mira lo que me has hecho--me dijo. ¡Mira! -- Me enseño la palma y vi que tenía un buen corte como de dos centímetros. Puse cara de: bueno, no es tan grave para no empeorar la situación.

La niña del Exorcista se fumaba un cigarro sentada con las piernas cruzadas. --Los nacionales--dijo. --Llamemos a los nacionales y punto--. Paco me miro con odio y frustración. Se fue a sentarse de nuevo, sudaba muchísimo el tío, parecía que intentaba no explotar mientras le vendaban la mano. ¿Y mi guante que? ¿No iban a hablar de lo bien hecho que estaba? Drácula se fue para Paco y le dijo algo al oído. Era como si estuvieran decidiendo que hacer conmigo. Pasaron unos segundos y Drácula se vino hasta mí. Me cogió del brazo y me empujo por una puerta. --Has tenido mucha suerte-- Y cerró dando un portazo.

Al salir vi a mis amigos que me esperaban sentados. Uno negaba con la cabeza con sonrisita de: tu otra vez. Siempre tú. Les conté lo que paso y decidimos irnos del parque antes de que cambiasen de opinión y llamasen a la policía.

Meses más tarde mi amigo con el que hice el guante estaba en el Polideportivo. Empezó a hablar con un tío de baloncesto y de cosas y resulto que era uno de los actores del “Pasaje del Terror”. El que hacía del de “La matanza de Texas”. Le contó a mi amigo que se acordaba muy bien de aquel día. Le explico que había dos Freddy Krueger en el “Pasaje del Terror”. Uno sale primero, te asusta, sales corriendo y luego te encuentras a otro delante. Para copiar el efecto de la película claro. Pero lo que pasaba a veces es que guiris borrachos le quitaban el guante al primer Freddy y cuando el segundo Freddy vio mi guante se pensó que se lo había robado al primero. Por eso lo del manotazo para quitármelo. Hablo amistosamente como cuarenta minutos con mi amigo y le dio consejos para mí. Que no debería haberme llevado el guante a un sitio público. ¿Y el guante? ¿Que paso con el guante? Lo tiraron. ¿Y no se sorprendieron de lo bien que estaba hecho? Lo tiraron a una papelera y ya está. Que decepción. Todo este tiempo pensé que lo tendrían en una vitrina como algo super valioso o que lo empezaron para el espectáculo.

Y bueno, en el colegio se corrió el rumor de lo que había hecho y todo el mundo hablaba de eso como expertos. Que a quien se lo ocurre hacer un guante así, que estaba claro que me lo iban a quitar, que era super peligroso. Y algunos niños me decían si aprendí la lección, que si aprendí que eso no se hacía. Que lección ni que lección. Lo que aprendí es que yo puedo acuchillar a Freddy Krueger y ellos no.