La mendiga de Nueva York

No hay nada peor que ver a un mendigo llorar. Yo viví en Málaga, Madrid, Praga, Alemania y Mumbai, pero el sitio donde vi a mas mendigos llorar fue en Nueva York.

En esa época yo trabajaba en una empresa de videojuegos y habíamos terminado el último proyecto, el “GTA V”. Para celebrarlo habían organizado una “launch party”. Una fiesta para celebrar lo bien que había salido el juego y que al final de tanto esfuerzo y del sufrimiento que fue el “Max Payne 3” pues lo habíamos conseguido. La fiesta era esa noche así que al mediodía me fui a “Bryant Park” a darme una vuelta y luego a ver a mi futura esposa que trabajaba en esa época en el Rockefeller Center. Comimos y luego nos dimos un paseo por la “Quinta Avenida”. La verdad que, aunque odies comprar ropa o ir de tiendas como yo, mirar esos escaparates le impresiona a cualquiera. La calle es famosa por algo.

Pues en una de las aceras vimos a una mendiga. Entre las super tiendas y escaparates y entre el mar de gente vestida mega rica estaba una chica de unos treinta. Sentada en el suelo, con el hombro en la pared, como derrotada y con los ánimos de una bolsa de basura.

Yo me fijé en ella, pero como el rio ese de gente te empuja hacia adelante no me pude parar. Pero le vi las lágrimas, las lágrimas cayendo en su cara, pero ya secas de no tener ni ánimos para limpiárselas. Y ver eso te destruye. Porque no son las lágrimas solo. Es la tristeza de “ya no puedo más y me tiro aquí al suelo”, lo de “por qué yo” y el “por qué nadie me ayuda” y el arrepentirse por cosas del pasado y si estas pagando por algo, el si Dios te está castigando y odiarle y luego aceptar tu castigo y pensar que cuanto queda para que el castigo termine. Era todo eso.

Al llegar al cruce le dije a mi futura esposa que si la había visto. Me dijo que si y que era horrible. No–me dije. Fuimos a un puesto de comida en la calle y compramos lo único que vendían. Un Pretzel salado gigante y una botella de agua. No era ideal, pero esto era una emergencia. Volvimos y se lo di. Le dije, esto es para ti. Se avergonzó de que la viera llorando, se secó las lágrimas y guardo el agua como si fuera muy valiosa. Le cambio la cara y sonrió, pero disimulando, como que no era para tanto y que lloraba por una tontería. Le di un poco de ánimo, así como desde dentro para que le llegue buena suerte o algo y nos fuimos.

 

Volví a las oficinas de “Rockstar” donde yo trabajaba y la gente estaba hablando de la fiesta. Que si nos íbamos ya o si nos encontrábamos ahí. Pero yo no me podía quitar a la mendiga de la cabeza. Un Pretzel pensé. Le compre un puto pretzel gigante salado. Que seguro que le da sed y se tiene que beber el agua y al final va a acabar sedienta peor que antes. Debería haberle comprado algo caliente. Si hay mil puestos de comida por toda la ciudad joder. Pero con las prisas no lo había hecho bien.  ¿Y si vuelvo y le compro algo? Pero que va. Esa ya no está ahí y, además, es la fiesta y tengo que ir por compromiso.

A la mierda me dije. Me escapé de la oficina, cogí el metro de nuevo y fui hasta el sitio exacto donde estaba la mendiga. Pero había desaparecido.  ¿Por qué? La policía lo más seguro. Aquí para mantener la estética echan a los mendigos en cinco minutos.  ¿Dónde se habrá ido?  ¿Dónde me iría yo si fuera mendigo? Me puse a buscar en modo espía, escaneando entre los miles de personas mientras giraba 360 grados. Puto New York. Iba a ser imposible encontrarla. Camine hasta el Apple Store ese del cubo de cristal. Había cola como siempre, menudos gilipollas. ¿dónde estaba la mendiga? Baje hasta Bryant Park y nada, ni rastro.

Me di cuenta que si yo fuera mendigo iría a una iglesia. Caminé hasta la Catedral de St. Patrick y por la parte de atrás me encontré a un hombre que tenía pinta de trabajar ahí. Le pregunte si había visto a una mendiga que estaba en la Quinta Avenida hacia una hora o así. Me respondió como si me estuviera ocultando algo. Como si tuviera miedo de decirme la verdad. Le di las gracias, pero, así como sospechando y me fui. Claro–pensé, no se fía. Es que aquí tiene que haber un mundillo raro que desconozco. De gente que rapta a mendigos, que los meten en una furgoneta y los violan y luego los descuartizan o algo así. Todo es posible en Nueva York.

El frio de septiembre ya se estaba empezando a notar. Pero yo no me iba a rendir. Que no joder, que yo la encuentro–me dije. Camine alrededor de cada bloque de edificios, sistemáticamente, uno por uno, por un lado de la Quinta Avenida y luego bajando por el otro lado de la calle. Como caminar alrededor de un campo de futbol cincuenta veces. Mega agotador. A las cuatro horas de andar me rendi. Eran como las ocho de la noche y la fiesta del GTA V ya había empezado.

Me pare delante de la tienda de Uniqlo y vi a una chica hippie mendiga. De esas que son mendigas por elección propia para experimentar en la vida. Le describí a la chica y le dije que si la veía que le dijera que alguien le quería ayudar.

 

Llegue a la fiesta mega agotado, destruido de tanto caminar y del frio. Vaya contraste de mundos–pensé. La mendiga por ahí triste y con hambre y aquí nosotros celebrando que terminamos un videojuego. El lugar que habían escogido estaba en Soho, cerca de donde está el edificio de Rockstar. Entré y el DJ era un compañero del trabajo. Estaba poniendo una de las canciones que salían en el juego. Joder–pensé, ¿por qué no pone algo que no haya escuchado siete mil millones de veces? Mire la barra rápido a ver si tenían algo de beber caliente. Pero que va, esto era todo bebidas con hielo y cocktails de mierda. Y yo no bebo alcohol y pasaba de beber un Sprite frio.

Me sentía derrotado y no tenía ganas de fiesta, pero tenía que estar ahí porque si no la gente se cree luego que los odias, o si no vas nunca se piensan que eres un psicópata. Aunque algunos ya lo pensaban de mi de todas maneras por no entenderme.

Vi a un amigo. Un super programador con el que a veces me sentaba en la cocina del trabajo y con el discutíamos el futuro de los juegos y la tecnología. Me senté con él y me dijo que me veía cansado. Le conté lo de la mendiga e inmediatamente me comprendió. Es que él era de Inglaterra y lo veía todo desde fuera como yo. Me dijo que es una de las cosas que odia de esta ciudad. Los extremos que hay.

Un camarero vino con unos canapés y como yo soy vegetariano y complicado pues no había nada para mí. Pero como querían quedar bien con la empresa el camarero se fue y habló con el chef que se vino hasta mí y me dijo: te hago lo que quieras, te cocino lo que tú quieras. Se fue para la cocina y al final lo único que me podía ofrecer eran champiñones al ajo. Justo las dos cosas que más odio.

Después de cumplir el mínimo requerido por las leyes sociales decidí largarme de la fiesta. Me fui para la salida y la gente super pesada, ¿pero te vas ya?, ¿quédate no? En New York o en Fuengirola., siempre me acaban diciendo lo mismo.

 

A la semana o así mi futura esposa me manda un mensaje a la hora del almuerzo. Me dice:  adivina!, ¡adivina!, ¡la encontré! Había ido al Uniqlo a probarse una chaqueta y la mendiga estaba en frente de la tienda. Habló con ella y me dijo que estaba contenta y que le dio dinero y que luego hasta le compro una chaqueta. Y que cuando estaba hablando con ella apareció un policía para echar a la mendiga, pero cuando vio que le iba a comprar una chaqueta se esperó a que entrase en la tienda y volviera para dársela.

Cuando me lo conto yo estaba en el trabajo y pensé en salir corriendo y coger el metro para ver a la mendiga. Pero había sido hacia media hora y yo me temía que iba a pasar lo mismo de la otra vez. Y además, pensándolo bien, era mejor dejarlo así.  ¿Por qué? Para aprender bien la lección.

Antes si veía a un mendigo me decía, ya le ayudare mañana o sino pasado mañana o sino cuando cobre este mes o sino el mes siguiente porque este me quiero comprar algo. O a veces no les ayudaba por vergüenza a que alguien me viera o me imaginaba ayudarles y luego que me abrazaban o algo así y se volvía super incomoda la situación.

Ahora si veo a un mendigo que lo necesita y sobre todo si veo a un mendigo llorar, se acabó. Es mi máxima prioridad ayudarle en ese momento porque no puedo arriesgarme a que desaparezca.

 

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