Historias de DJs

02-2016

Un amigo y yo nos habíamos obsesionado con la música electrónica y queríamos ser DJs. Yo era“DJ X” por lo de la droga Éxtasis, y mi amigo era “DJ Jambo”, no se por qué. Es que eran los 90.

Jambo vivía con sus padres y tenía en su cuarto dos platos Technics SL 1200. Teníamos ya una buena colección de discos y nuestra ilusión era poner música en una discoteca o una fiesta “rave”. Habíamos hasta viajado a Londres para comprar discos. Es que lo principal de un DJ son dos cosas: primera, tener buen gusto y segunda, tener discos que otros DJs no tengan. Y la única manera de tener discos buenos en esa época era subiéndote a un avión.

Pues en el pueblo donde yo vivía había dos hermanos que eran gemelos. Los llamaban “Los Gemelos” porque para qué complicarse, claro. Uno era DJ y pinchaba en la costa. Un día hablando con él nos dijo que fuéramos cuando quisiéramos a pinchar a la discoteca donde trabajaba pero que fuéramos entre semana que su jefe no estaba. Así que un Martes quedé con DJ Jambo en su casa y nos pusimos a pensar qué discos llevarnos.  — ¿Nos llevamos cinco o seis de los mejores y ya está? — le pregunté. Es que llevarnos todos era mucho peso. Pero qué pasa si de pronto se llena de gente la discoteca, se convierte eso en una rave y no tenemos nuestros discos. Estaba claro. Salimos con el bolso lleno de discos a reventar camino a la discoteca. Y no veas si pesaba el bolso ese. Por el camino nos tuvimos que turnar y todo. Al llegar a la costa Jambo se pidió llevarlo. Quería que lo vieran llegar a él con los discos, el bolso era gris plateado y el logo de “Technics” a un lado. Te hacia parecer super PRO.

Entramos a la discoteca y estaba vacía. Pero super vacía. Pensé que no tenía mucho sentido poner música ahí. Primero porque no había nadie y segundo porque era una discoteca normal. Es que la música que poníamos nosotros era más underground, mas de “rave” y aquí la gente esperaba salsa o no se que mierdas pondrían. Pero bueno, ahí estábamos. El gemelo nos explicó cómo iba la mesa de mezclas. Era un poco vieja la verdad pero los altavoces eran grandes. A mi lo que más ilusión me hacía era escuchar nuestros discos sonar alto. Empezamos a pinchar. Con Jambo nos turnábamos siempre. El ponía un disco y luego yo otro. Si el ponía una canción rápida, luego yo bajaba a una más lenta y así. Lo hacíamos bien la verdad. Después de un rato Jambo tenía la sonrisa de: tío, esto está guay, a lo mejor lo conseguimos y nos hacemos DJs y todo. Yo me acerque a la mesa y subí el volumen al máximo para celebrar. El gemelo llegó histérico diciendo que los camareros se estaban quejando, que a lo mejor se pasaba su jefe y en fin, que se acabó. Nos bajo la música y se puso a pinchar él. Lo peor es que puso una mierda comercial y encima empezó a hacer una mezclas super elaboradas para impresionarnos. Subía el volumen de la siguiente canción, la quitaba, la volvía a subir veinte veces y luego cuando ya era el momento de cambiar, quitaba el disco y ponía otro. Así como para sorprenderte. Era un bestia.

Ya en la calle el gemelo nos pregunto.  — Bueno, ¿que os ha parecido? — Ya esta — pensé — ahora se iba a poner a hablar de lo gran DJ que era y lo que teníamos que hacer para llegar hasta donde él estaba. Pero no. Se despidió y se largo. Ese se metía cocaína entre semana seguro.

Unos meses más tarde conseguimos ser DJs en un local. Estaba bien porque iba a ser la primera vez que éramos los DJs principales. Habíamos pinchado a ratos en discotecas mas importantes como Voltaje o el Atmosphere de Torremolinos pero nunca como DJs principales. Llegó el día y empezamos a pinchar para ir calentando el ambiente. Lo que la gente no sabe es que un DJ tiene que tener música para todos los momentos. No se trata solo de tener las mejores canciones, las famosas o las que más le flipen a la gente. Tienes que tener música de relleno también. Las que usas para llegar a las canciones buenas. Y las de relleno son difíciles de conseguir porque quieres que no sean muy buenas pero que no sean una mierda tampoco. Empezó a llegar gente y a eso de las dos de la mañana el local estaba lleno. Pusimos algunos de los discos que habíamos comprado en Londres y la gente lo empezó a flipar. Yo notaba como se sorprendían. Sus caras decían: — Esta fiesta es más “underground” de lo que me esperaba. Esto no es de lo que se escucha normalmente por aquí. Luego empezaron a pasarse DJs de visita. Como hacíamos nosotros antes pero ahora eran ellos los que tenían que pedir permiso. Llegó uno que luego se hizo medio conocido y no veas si era malo. Tardaba muchísimo en montar las canciones y no tenía en cuenta cosas como la tonalidad. Aparte tenia unos discos tan malos que fui y le dije al oído: — Oye, que este no es Palladium — y me fui. Unos meses más tarde vi su nombre en un cartel de una fiesta de Satisfaxion y pensé que como estaba ese ahí con lo tonto que era.

Y luego llegaron los gemelos. No se por qué pero siempre que llegaban era como si algo malo fuera a suceder. Tenían esa energía. Era como si tuvieras que estar en alerta. El gemelo que no era DJ se fue a la barra. Llevaba un pendiente y se vestía mejor. Iba de ligón. El gemelo DJ vino a saludarnos. Nos trato con camaradería como si ya fuéramos DJs consagrados. Y nos pidió de pinchar un rato claro. No había traído discos así que nos pidió alguno. Y eso era un problema. ¿Por qué? Porque no vas a darle una canción buena que te quite la oportunidad de ponerla tú luego pero tampoco vas a darle una super mala que arruine la fiesta. Yo me lave las manos y le dije a Jambo que eligiera un disco. Y el cabrón eligió uno que era imposible de montar. Era uno que tenía un ritmo raro y que casi nunca lo poníamos. Se lo dio y el gemelo se puso los auriculares. intentando buscar el “beat”. Y no había manera. Hacía gestos con la cara como ¡este es imposible!, ¿pero que mierda me has dado?”. Me dio pena así que fui a nuestro maletín de discos y le di uno mas fácil. Era una canción buena pero la tenía todo el mundo así que no había ningún riesgo. La puso y cómo no, empezó a hacer su show. Puso un trozo super alto y volvió a la anterior. Bajó la que estaba sonando para que pareciera que estaba por terminar, ponía la nueva dos segundos y volvía a la de antes. Era super bruto. Luego nos pidió otro disco y luego otro. La gente se estaba empezando a pensar que eran sus canciones y todo. Como no se iba Jambo se puso en el centro de la cabina y empezó a empujarlo con el cuerpo. Lo empujó hasta tenerlo ahí arrinconado contra la pared. Al final el gemelo captó el mensaje y se fue. Que bestia era Jambo a veces.

Luego me puse yo a pinchar y la verdad que ya estaba harto de techno y mierdas así que cogí los mejores discos de Jungle que teníamos. Era la hora de la verdad. Esos discos eran como medio trascendentales y no se si los iban a entender aquí pero me daba igual. El gemelo me estaba observando con atención como diciendo, enséñame lo que sabes hacer. Yo monté el disco en dos segundos, empecé a mezclarlo suavemente y en el momento perfecto cambie. Fin del cambio. Siguiente canción. Seguí pinchando en ese estilo un par de canciones más y vi que el gemelo tenía cara como de triste.

Cuando terminé de pinchar el gemelo me dijo que había aprendido mucho viéndome pinchar. Que el tenia el mal hábito de mezclar demasiado y de liarse y que yo hacía cambios super limpios. Me hizo sentir bien, me llenó de energía que me dijera eso. No por sentirme mejor que él sino porque vi que era buena persona. Con el tiempo Jambo y yo seguimos pinchando pero nunca llegamos a nada con eso. Bueno, un fin de año nos contrataron para pinchar en una nave. El sitio era gigante pero no vino nadie. No habían hecho publicidad o algo. Por la noche nos empezaron a culpar diciendo que nuestra música era muy rara y habíamos espantado a la gente. El hombre que organizó la fiesta se emborrachó y acabo llorando sentado en una silla de madera con su hijo consolándolo.

Y mucho más tarde, casi al final de toda esta época DJ empezamos a hacer fiestas en la casa del “Negro”. Su padre era rico y tenía al lado de su casa otro chalet donde vivía su abuela que nunca estaba. Por esa época, Jambo ya se estaba empezando a volver loco. Antes se reía del mundo y tenía una mentalidad mas de “que le jodan a todo”. Pero por esa época empezó a cambiar. Pues una noche sobre las 5am estaba yo pinchando cuando Jambo de pronto me hizo una seña. Yo tenia los auriculares puestos así que le hice una seña como diciendo: no te escucho.  — ¿Voy o no voy? — me dijo. Y señaló un pasillo oscuro que daba a los cuartos de la casa. Y ahi cai. Me di cuenta a lo que se refería. Me estaba preguntando si tenía que ir “con Ellos”. ¿Y quienes eran “Ellos”? Los seres de la otra dimensión. Los seres que te persiguen, los que te hablaban por telepatía y de los que habíamos hablado ya algunas veces.  — ¡No!, ¡No! ¡no vayas! — le grite. Era un peligro. Quien sabe lo que le iba a pasar. Yo seguí pinchando pensando que si me concentraba en la canción todo eso iba a desaparecer. Pero me dio un escalofrío por todo el cuerpo. Tan fuerte que parecía que se me rompía la piel. Jambo no me hizo casi y empezó a acercarse. Caminaba lento, agachado y muerto de miedo. Y justo cuando estaba entrando al pasillo salió el Negro de la oscuridad y Jambo grito, salto hacia atrás y cayó al suelo aterrorizado. El Negro había ido al servicio y justo en el momento en que Jambo esperaba un encuentro sobrenatural se chocaron. La puta coincidencia. — Pero qué te pasa, tranquilo, tranquilo — le decía el Negro. Jambo estaba tumbado en el suelo, como si se hubiera desmayado del susto. Poco a poco se fue recuperando y le dio muchísima alegría que fuera un amigo y no un ser de otra dimensión a quien tenía delante. Jambo no pincho más esa noche. Se fue a un sofá de abajo, se tumbó y se cubrió con una manta. Mientras la demás gente bailaba el se la pasó tumbado recuperándose del terror que había vivido.

¿Y que paso con “Ellos”? Es una historia muy larga que ya contaré más adelante. Mientras tanto dejo aquí uno de los discos de esa época.